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Demonios y fantasmas femeninos del antiguo Japón

El folclore japonés está repleto de curiosos espíritus y demonios femeninos que se dedican a aterrorizar a los vivos. El punto en común entre todos ellos es la transgresión: maridos mujeriegos, niños asesinados o que han sido la vergüenza de la familia.

Estos andan en busca de la venganza, y la toman con cualquiera. Algunos tienen la capacidad de matar, mientras que otros simplemente observan el sufrimiento y la muerte de lo que fue causa de su muerte. Su maldición puede ser tan contagiosa como una enfermedad e infectar una zona después de que el fantasma haya pasado por allí.

Sazae Oni, caracoles de turbante de mar

Los Sazae Oni son caracoles con turbante, que suelen recorrer los sietes mares. Suelen adoptar la forma de bellas mujeres, con el fin de atraer a los marineros. Estos mutantes, si se les puede llamar así, fingen estar ahogándose, y una vez llegan sus salvadores, se enfrentan a ellos.

En algunas ocasiones, los Sazae Oni aparecen ante los posaderos, o los niños que juegan junto al río. Una de sus leyendas cuenta que una Sazae Oni fue rescatada por los piratas, quienes no reconocieron que se trataba de un demonio. Estos la violaron durante toda la noche, y ella les arrancó cada uno de sus testículos, uno por uno. Además exigieron oro para su “kintama” o “bolas de oro”.

Nukekubi y Rokurkubi, las mujeres malditas

Nukekubi y Rokurkubi son antiguos humanos castigados con esta maldición a causa de haber realizado un acto maligno. Esto puede ser pecar contra Dios o ser infieles a sus maridos. Sin embargo, lo curioso es que en muchos casos no son las mujeres afectadas por la maldición quienes cometieron ese acto. En muchas ocasiones suelen ser sus maridos o padres quienes escaparon de pagar por su acto, transmitiéndoselo a estas mujeres.

Los Nukekubi son mujeres cuyas cabezas y almas se desprenden de sus cuerpos cuando están durmiendo. Suelen tener sed de sangre, y drenan a sus víctimas tal y como lo hacen los vampiros. Aunque en algunas ocasiones sólo muerden a sus víctimas, ya sean humanas o animales, hasta provocarles la muerte.

Los Rokurokubi durante el día son mujeres normales. Pero cuando cae la noche, sus cuellos se extienden hasta longitudes increíbles. Estas atacan a animales pequeños, y lamen el aceite de las lámparas. A pesar de que estos demonios no suelen causar un gran daño, a veces se dedican a asustar a la gente sin motivo alguno.

Nure-onna, la mujer serpiente

El elemento más recurrente en la mitología japonesa es la metamorfosis, los cambiaformas o mutantes. Demonios que parecen ser mujeres, pero que son sólo medio mujeres, o usan a una joven y hermosa chica como fachada para algo más siniestro. 

La Nure-onna es una criatura malvada, un monstruo con cabeza de mujer y cuerpo de serpiente, que suele pasar su tiempo en las orillas de los ríos. Su forma de presentarse es como una mujer angustiada que sujeta a un bebé. Cuando alguien intenta ayudar, coge el bulto y se convierte en una pesada piedra, tal y como hacen las Ubume. Sin embargo, en este caso la víctima no muere, al menos no en ese momento, pero consigue que ésta no se escape. Es entonces cuando la Nure-onna ataca y chupa la sangre de sus víctimas.

nure-onna

Yama Uba, la Bruja de la Montaña

Esta vieja arpía, la Yama Uba, vive y caza en las montañas. Cualquiera que se cruce en su camino, será devorado. Suele hacerse pasar por una joven que ofrece refugio a los viajeros perdidos. Cuando estos se duermen, se los come. A veces utiliza su cabello para atrapar a sus víctimas, y así arrastrarlas hasta su gran boca. 

Según las historias del folclore japonés, Yama Uba era una mujer normal, pero se encontró con una situación que no esperaba: la zona en la que vivía comenzó a sufrir de hambruna. Su familia era incapaz de abastecerla, por lo que la llevaron a bosque para que muriera de hambre. Sin embargo, consiguió encontrar refugio en una cueva. Yama Uba enloqueció y comenzó a alimentarse de la gente, convirtiéndose en la leyenda que hoy conocemos.

Oiwa, la mujer de la cara deformada

Es una de las historias de fantasmas más populares de Japón. La Oiwa era una mujer que pasó por un gran sufrimiento. Su marido la envenenó para poder casarse con la nieta de un vecino rico, ella después se deformó la cara. Cuando vio la desfiguración facial que se había provocado, donde se veía con los ojos caídos y trozos de pelo cayendo, no pudo más. 

Su muerte fue causada por la locura, y por un corazón roto tras la traición de su marido. Este, sin embargo, terminó por ser perseguido por la venganza de este fantasma. 

Hannya, los demonios celosos

Son mujeres transformadas en demonios por celos. De estas, existen tres grados.

Primero están las Namanari, quienes aún parecen mujeres humanas a pesar de que se presentan con unos pequeños cuernos. Utilizan la magia negra con el fin de realizar actos malignos, y así invocar a Ikiryo. Este es un espíritu que deja el cuerpo de una persona viva, y se va en busca de otras personas o lugares. Este grado de demonios aún no son malvados por completo, y tienen la posibilidad de recuperar su humanidad.

Los siguientes son los Chūnari, de nivel medio, y con largos y afilados cuernos. Son más poderosos que los Namanari, sin embargo aún siguen siendo vulnerables a la oración budista. 

Y por último, los Honnari, los verdaderos demonios y más poderosos de los tres. Cuentan con cuerpos serpentinos y pueden respirar fuego. Los celos los han consumido tan profundamente que su salvación ya no es una posibilidad. 

Ubume, la madre muerta

Una ubume es una mujer que muere antes, durante o poco después del parto. Su espíritu tiene una tremenda preocupación por el bebé, lo que transmite de forma pacífica y se convierte en fantasma. 

Si la madre murió pero su bebé vivió, esta entrará en tiendas y casas con el fin de comprar lo que su hijo necesite, pagando con puñados de hojas muertas. Si ambos murieron, el Ubume se aparecerá en las noches oscuras de tormenta como una mujer que pide ayuda mientras acuna a su bebé. Después, le pasa el bebé a alguien que está dispuesto a ayudar, pero resulta que en lugar de ser un bebé, es una roca que cada vez se vuelve más pesada, hasta que la víctima queda aplastada por su peso.

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Ubagabi, vieja bruja de fuego

Estas aparecen como bolas de fuego con la cara de una anciana dentro, siempre en las noches de lluvia cerca de las orillas del río. Los Ubagabi pueden volar largas distancias en un tiempo récord, y si, por desgracia, te rozan, en tres años morirás.

Su leyenda habla de una anciana que robó aceite de las lámparas del Santuario de Hiroaka, un crimen que se consideró horrible porque el aceite era raro. Cuando el sacerdote le dio caza, fue avergonzada y rechazada por su pueblo, por ser una ladrona de aceite. Fue tan humillada que se suicidó en el estanque que estaba detrás del santuario. Y de ahí surgió Ubagabi.

Hone-onna, el espectro del esqueleto

En el folclore japonés, la Hone-onna es un esqueleto femenino que atrae a los hombres a su caverna. A veces sus víctimas no se enteran de su estado hasta que ella termina, cuando la luz brilla a través de ella. Una vez que las víctimas se dan cuenta de lo que está pasando, la Hone-onna les succiona la fuerza vital hasta que ellas mismas se convierten en esqueletos.

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